El trasfondo
Rodríguez asumió el poder tras la operación militar estadounidense que capturó a Maduro. Desde entonces ha implementado cambios que alejan al gobierno de las bases del chavismo:
- Eliminó políticas de la era Chávez.
- Cumplió exigencias de EE.UU., como la deportación en mayo de un exministro para enfrentar investigaciones penales.
- Autorizó un ejercicio de entrenamiento del ejército estadounidense en Caracas.
- Reformó la industria petrolera mediante leyes en la Asamblea Nacional y liberó a presos políticos.
Estas acciones generaron malestar entre militantes y propagandistas históricos, que ven un acercamiento a su principal adversario.
Entre líneas
Surgen rumores de que una traición interna facilitó la captura de Maduro. Figuras leales al chavismo comentan públicamente esa posibilidad, lo que sugiere que las grietas van más allá de desacuerdos políticos. El gobierno de Rodríguez no ha desmentido ni confirmado esas versiones.
Lo que está en juego
La cohesión del chavismo ha sido su principal fortaleza para mantenerse en el poder desde 1999. Si la fractura se profundiza, podría debilitar la capacidad del gobierno para gobernar y abrir espacio a una reconfiguración política en Venezuela. El giro hacia Washington también pone en riesgo la narrativa nacionalista y antiimperialista que unía a la coalición.
Qué sigue
Los críticos internos seguirán presionando contra las concesiones a EE.UU. Rodríguez deberá equilibrar su relación con la Casa Blanca y la lealtad de su base. La deportación del exministro y el entrenamiento militar son hechos consumados, pero la reacción de sectores militares e ideológicos definirá si la unidad se recompone o se rompe definitivamente.