El panorama general
El sistema solar tiene unos 4.500 millones de años. 3I/ATLAS es al menos dos veces más antiguo, lo que lo convierte en el objeto más longevo jamás observado dentro de nuestras fronteras cósmicas. Su estudio permite comparar las condiciones de formación planetaria en distintas épocas y lugares de la galaxia.
El cometa fue descubierto en julio de 2025, pasó cerca del Sol en octubre y luego se acercó a la Tierra en diciembre, antes de proseguir su viaje al espacio profundo. Los astrónomos aprovecharon ese momento para analizar su coma, la nube de gas que se liberó al calentarse el hielo.
El dato clave
Las mediciones de isótopos —variantes de un mismo elemento químico— revelaron dos anomalías que definen el origen del cometa:
- Deuterio: el agua de 3I/ATLAS contiene 10 veces más deuterio (hidrógeno pesado) que los cometas del sistema solar. Esto solo se explica si el hielo se formó en un ambiente cercano a –243 °C, sin calentamiento posterior que alterara su química.
- Carbono: las proporciones de carbono superan los valores típicos de cometas locales, nubes interestelares cercanas y discos protoplanetarios, lo que apunta a un sistema planetario primitivo y extremo.
Ambos indicios sugieren que el cometa permaneció congelado e intacto desde su origen, hace más de 10.000 millones de años.
Lo que dicen
Martin Cordiner, astroquímico del Centro Goddard y autor principal del estudio, señaló: "Obtenemos información directa sobre ese tiempo y lugar distantes, y también aprendemos algo sobre lo inusual que puede ser nuestro propio sistema solar". Cordiner agregó que, aunque la evidencia es sólida, existen "escenarios de borde" que podrían explicar la composición química sin necesidad de un origen tan antiguo.
La posibilidad de que el cometa presente criovulcanismo —volcanes de hielo que expulsan material— también se mantiene como hipótesis para explicar aumentos de brillo observados previamente.
Qué sigue
3I/ATLAS ya se aleja del sistema solar y no volverá a ser observable. Los datos recolectados seguirán analizándose para comparar su química con modelos de formación planetaria. El hallazgo refuerza la importancia de detectar futuros visitantes interestelares: cada uno puede ser una cápsula del tiempo de épocas y lugares que de otra forma serían inaccesibles.