El estado de las cosas
Windows 10 dejó de recibir soporte oficial el 14 de octubre de 2025. Microsoft ofreció entonces un año gratuito de parches de seguridad a través del programa Extended Security Updates (ESU), que vencía el 12 de octubre de 2026.
Ahora la empresa actualizó su página oficial para indicar que los usuarios pueden inscribirse hasta el 12 de octubre de 2027. El cambio no tuvo comunicado de prensa ni anuncio formal.
Por qué importa
- Base instalada enorme: Según StatCounter, el 26% de los PC con Windows todavía ejecuta la versión 10. HP reporta que el 30% de sus clientes no migró.
- Cientos de millones de equipos: Con más de mil millones de Windows activos, la cifra de rezagados supera los 250 millones.
- Barreras técnicas: Windows 11 exige TPM 2.0, 4 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento, lo que deja fuera a muchos ordenadores antiguos.
- Costos al alza: Los precios de memorias y SSDs subieron por la demanda de servidores de IA, y Apple ya aumentó sus precios. Microsoft también elevó el precio de sus consolas Xbox entre 100 y 150 dólares el mismo día.
Lo que no se dice
El programa ESU para consumidores se mantiene gratuito mediante opciones como respaldar la configuración en la cuenta Microsoft, canjear 1.000 puntos de recompensa o pagar 30 dólares. Para empresas, Microsoft ya ofrecía tres años de soporte extendido, pero con costos crecientes que alcanzan los 427 dólares por dispositivo.
Microsoft no explicó la razón del cambio, pero el contexto sugiere que la migración forzada a Windows 11 choca con la realidad económica y técnica de los usuarios. La empresa misma reconoció que sus desarrolladores están "reduciendo la línea base de memoria" para adaptarse a equipos modestos.
Lo que viene después
Los usuarios de Windows 10 que se inscriban al ESU recibirán parches de seguridad críticos, pero no nuevas funciones, mejoras de producto ni soporte técnico. La extensión da un año más de margen para que los rezagados compren un PC compatible o decidan si actualizan su hardware.
En el largo plazo, Microsoft enfrenta un problema recurrente: sistemas operativos longevos que se resisten a morir, como ocurrió con Windows XP a lo largo de la década de 2010.