Lo que está en juego
Mientras los equipos internacionales comienzan a retirarse y las autoridades dan prioridad a la remoción, las familias enfrentan una disyuntiva: aceptar la muerte de sus allegados o seguir excavando con sus propias manos.
- Ana María Lares busca a su hija de 23 años y a su nieta de seis, atrapadas en la residencia Solimar. "Mientras no la vea y no la consiga, para mí están vivas", dijo.
- Fabián Chaustre busca a su pareja en el mismo edificio. Afirma que los rescatistas han detectado cámaras de aire donde aún podría haber vida, y pide mejor distribución de maquinaria pesada para acelerar la búsqueda.
El estado de las cosas
En el conjunto residencial Caribe, vecinos y voluntarios trabajan con martillos y linternas, perforando losas y gritando para recibir señales de vida. No cuentan con equipo pesado para mover las placas de concreto.
La maquinaria pesada sí llegó a sectores como Playa Los Cocos, donde ya se considera agotada la posibilidad de hallar sobrevivientes. Allí, la remoción de escombros avanza mientras los equipos especializados solo operan en puntos específicos.
Según reportes desde La Guaira, los cerca de 19.000 militares desplegados por el gobierno venezolano se concentran en labores de control y resguardo, no en rescate ni remoción, tareas que siguen recayendo en equipos extranjeros y voluntarios.
En el largo plazo
La descomposición de cuerpos atrapados ya genera focos de mal olor y deterioro sanitario en varios barrios. Los funerales de víctimas recuperadas continúan, pero miles de personas siguen sin noticias de sus familiares desaparecidos.
La persistencia de estas familias refleja una brecha entre la respuesta oficial y la magnitud real de la catástrofe. Mientras el conteo de muertos sigue subiendo, ellos se aferran a un dato: incluso después de las 72 horas críticas, hubo rescates exitosos. Y mientras no tengan un cuerpo, la búsqueda no termina.