El panorama general

Los humanos han usado palomas mensajeras durante miles de años para transportar mensajes. Durante casi un siglo, los científicos sabían que estas aves se orientan en parte mediante el campo magnético terrestre, pero el mecanismo exacto seguía siendo un debate intenso.

  • Las teorías previas apuntaban al pico, los ojos o el oído interno como sedes del sensor magnético.
  • Ninguna explicaba completamente cómo las palomas detectan el campo magnético en condiciones de baja visibilidad.
  • Nuevos datos sugieren que el hígado juega un rol central, un órgano inesperado para esta función.

El dato clave

Los investigadores combinaron magnetometría de muestra vibrante, separación celular magnética y tinciones específicas para rastrear la presencia de hierro en tejidos de palomas.

  • Encontraron macrófagos superparamagnéticos en el hígado y el bazo, pero no en el pico, los ojos ni el cerebro.
  • Estos macrófagos acumulan ferritina, un producto de la degradación de glóbulos rojos, lo que les confiere sensibilidad a campos magnéticos.
  • Cuando los científicos eliminaron los macrófagos hepáticos en un grupo de palomas, las aves perdieron su sentido de orientación bajo cielo nublado, pero navegaron sin problemas con sol visible.

El estudio es el primero en presentar una teoría completa de que las células inmunes del hígado actúan como un sensor magnético funcional.

Lo que cambia

El hallazgo desplaza el foco de la investigación desde estructuras neurales o sensoriales externas hacia un órgano interno involucrado en el metabolismo del hierro.

  • Se abre una nueva línea de investigación sobre cómo la información magnética viaja desde el hígado al cerebro.
  • Los autores sugieren que mecanismos similares podrían existir en otras aves migratorias e incluso en mamíferos.
  • El estudio también confirma que las palomas usan múltiples sistemas de navegación: el campo magnético como respaldo cuando fallan las señales visuales o solares.

Los investigadores planean ahora explorar cómo las señales magnéticas detectadas en el hígado se transmiten al sistema nervioso central.