El panorama general
El estudio calcula el costo económico de la degradación causada por el consumo de alimentos, energía y transporte. Incluye impactos en clima, biodiversidad, uso de agua dulce y contaminación por nutrientes.
- Daño por persona en el 10% superior: entre 2.300 y 7.500 dólares al año.
- En Estados Unidos, esa cifra asciende a entre 19.000 y 63.000 dólares por persona.
- En China, el daño del 10% más rico ya supera al del 10% más rico de Alemania.
Los megaconsumidores se concentran en el norte global: representan más de la mitad de la población estadounidense y entre el 40% y el 45% de la europea.
Entre líneas
Los investigadores advierten que incluso el peor escenario es conservador. Excluyeron del análisis las emisiones vinculadas a las inversiones de este grupo, que suponen cerca de la mitad de su huella total.
“El 10% superior no solo causa el mayor daño, sino que tiene la mayor capacidad para reducirlo”, señala Paul Behrens, coautor del estudio. Según él, este grupo actúa como inversor, empleador, creador de tendencias y definidor de lo que se considera normal.
El dato clave
La destrucción de biodiversidad representa entre el 47% y el 56% del daño total estimado. La emergencia climática aporta entre el 36% y el 45%. Los autores concluyen que abordar ambas crisis juntas es más efectivo que tratarlas por separado.
Los dos sectores de consumo más destructivos son la alimentación (especialmente carne roja, vinculada a la deforestación) y la energía (vuelos, calefacción y refrigeración basados en combustibles fósiles).
Qué sigue
El equipo propone impuestos ambientales progresivos, proporcionales a la huella de cada consumidor. Inge Schrijver, primera autora, señala que un enfoque único para todos es menos eficiente y menos justo, porque quienes menos consumen terminan pagando el estilo de vida de otros.
Los autores recuerdan que la cantidad necesaria para cubrir las metas climáticas y de biodiversidad de la ONU (2030 y 2035) es inferior al daño mínimo estimado de 1.7 billones de dólares anuales.