Lo que dice el alcalde

En entrevistas y redes sociales, Manouchehri enumeró los problemas que, según él, marcaron la respuesta del Ejecutivo:

  • Ayuda insuficiente: al cuarto día de emergencia, el municipio solo había recibido bobinas de nylon y sacos de arena.
  • SAE tardío: las alertas por celular llegaron cuando las personas ya no podían evacuar; hay desaparecidos que intentaron huir tras la alerta.
  • Descoordinación: ministros visitaron la zona sin contactar a los alcaldes; un camión del Ejército llegó con reclutas sin preparación para el rescate.
  • Recursos locales agotados: los $2.000 millones del fondo regional no alcanzan para reparar un solo puente colapsado.

Manouchehri afirmó que el municipio ha atendido casi 8.000 requerimientos y rescatado a más de 100 personas con equipos propios, mientras sectores como Puerto Aldea y Tongoycillo permanecen aislados.

Por qué importa

La declaración de zona de catástrofe —que el Gobierno anunció cuando la emergencia ya había cobrado víctimas fatales— habilita recursos extraordinarios y permite movilizar a las Fuerzas Armadas con mayor margen. Pero el alcalde sostiene que la medida llegó "cuando estamos contando a nuestros muertos" y que sin una coordinación previa efectiva, el decreto corre el riesgo de quedar en el papel.

Lo que no se dice

El propio Manouchehri reconoce que las críticas provienen de alcaldes de izquierda y derecha, lo que sugiere un malestar transversal. Sin embargo, el Gobierno defiende su gestión señalando que desplegó recursos y ministros desde la semana pasada. La tensión revela una brecha entre la evaluación central y la experiencia en terreno de los municipios, que son quienes ejecutan la respuesta inmediata.

Lo que viene después

El Presidente Kast ordenó que ministros se mantengan en las zonas afectadas para coordinar la reposición de servicios. Pero con las lluvias aún activas en Coquimbo y Atacama, y la infraestructura hídrica dañada —la captación de agua del río Elqui quedó destruida—, la prioridad inmediata sigue siendo rescatar a quienes están aislados y evitar nuevas víctimas.