El estado de las cosas
Wenger emitió un comunicado aclarando su rol y su postura:
- No estuvo involucrado en la elaboración del plan estratégico.
- Se enteró del proyecto a través de reportes de prensa.
- Calificó la decisión de retirarlo como "absolutamente necesaria e incuestionable".
- Defendió una FIFA "independiente" que sirva al fútbol con "compromiso, transparencia e integridad".
Grafstrom, por su parte, envió un correo interno a los empleados de la FIFA donde describió los hechos como una "triste y reprochable serie de eventos". Sin mencionar a Infantino por su nombre, escribió que "individuos, momentos inestables y episodios desafortunados van y vienen", pero la institución perdura.
Entre líneas
Ambos ejecutivos se distancian del presidente sin renunciar a sus cargos. Wenger subraya que su labor se limita al desarrollo técnico del fútbol (academias, datos, competiciones juveniles), no a la estrategia comercial. Grafstrom, en cambio, envía un mensaje de continuidad institucional: la FIFA debe seguir funcionando pese a la crisis política.
Sus declaraciones se suman a la renuncia del asesor principal Carlos Cordeiro y a las acusaciones del director operativo Kevin Lamour, quien dijo que Infantino "engañó" a los empleados. La fractura interna ya no se limita a las confederaciones.
Lo que viene después
Infantino retiró el plan el viernes, pero el daño político persiste. Varias federaciones europeas —Gales, Inglaterra, Serbia, Suecia— ya le retiraron su apoyo. La UEFA y Concacaf declararon haber perdido la confianza en su liderazgo. Las elecciones presidenciales de la FIFA están previstas para marzo de 2027, y el presidente busca respaldo externo, incluso del entorno de Donald Trump.