El estado de las cosas
Los barcos llevan más de cinco meses inmóviles en el golfo Pérsico y el golfo de Omán. En condiciones normales, las escalas en puerto duran entre uno y tres días, lo que limita el crecimiento de organismos en los cascos. Ahora, las incrustaciones biológicas —conocidas como biofouling— se han acumulado de forma masiva.
- Microorganismos, algas, mejillones y percebes colonizan las superficies sumergidas.
- Las aguas del Golfo, con alta salinidad y temperaturas de hasta 38 °C, filtran solo las especies más resistentes.
- Esos organismos pueden actuar como reservorios y vectores de parásitos y patógenos marinos.
Lo que dicen
Mario Tamburri, investigador de la Universidad de Maryland y autor principal del estudio publicado en Biological Invasions, calificó la situación como una "tormenta perfecta". El informe señala que la combinación del extenso crecimiento biológico, el número de barcos, su tamaño y su alcance global crea "una amenaza inmensa para la bioseguridad internacional".
La otra cara
El conflicto en Oriente Medio mantiene el foco en los impactos humanitarios, económicos y geopolíticos. Sin embargo, el estudio alerta que también se está desarrollando una crisis ecológica silenciosa: si las naves reanudan su ruta comercial sin un tratamiento adecuado, introducirán especies invasoras en puertos de todo el mundo.
Qué sigue
No hay una fecha clara para la reapertura del estrecho. Una vez que el tráfico se reanude, los científicos recomiendan inspeccionar y limpiar los cascos antes de que los barcos retomen sus destinos. Sin medidas preventivas, el biofouling podría dispersar organismos que alteren ecosistemas marinos de forma irreversible.