El modus operandi
La organización seleccionaba a sus víctimas a la salida de bares y discotecas, los jueves, viernes, sábados y vísperas de feriados. El líder, que usaba su taxi como fachada, establecía un vínculo de confianza y luego:
- Ofrecía cerveza o agua contaminada con un barbitúrico que dejaba a los pasajeros inconscientes.
- Una vez dormidos, les robaba teléfonos y tarjetas bancarias.
- Con las claves obtenidas, realizaba giros y préstamos desde las aplicaciones de las víctimas.
- Dos empleados de servicentros facilitaban máquinas POS para compras ficticias de combustible de hasta $2 millones.
En otros casos, si la víctima no aceptaba la bebida, el taxista la golpeaba para robarle.
Los números que importan
- 11 víctimas afectadas en total.
- Pérdidas patrimoniales superiores a $1.000 millones.
- Una sola víctima perdió $20 millones en una noche.
Las consecuencias legales
Los cinco detenidos —un peruano, tres venezolanos y un chileno— quedaron en prisión preventiva. Uno fue capturado cuando intentaba huir del país con destino a Venezuela. La investigación comenzó en enero de este año tras la denuncia de una víctima que perdió el conocimiento después de abordar el taxi.