Los alemanes hundieron deliberadamente esas naves en septiembre de 1944 para frenar el avance del Ejército Rojo; los historiadores calculan que hasta 200 buques permanecen en el lecho del río. Serbia, con financiación de la Unión Europea, intenta retirarlos desde hace tiempo, pero las municiones sin explosionar complican las tareas.
El nivel récord ha paralizado casi por completo el tráfico fluvial en ese tramo y ha puesto al borde del cierre a varias centrales eléctricas. Las autoridades intentan mantener la navegación mientras se retiran los buques con explosivos.