El detonante
Todo empezó el viernes, cuando EE.UU. votó en contra de renovar el mandato de Volker Türk como alto comisionado de la ONU para derechos humanos. La Asamblea General lo ratificó con 144 votos a favor, 10 en contra y 13 abstenciones —Francia apoyó la reelección.
Tras la votación, la Misión de Francia en Ginebra publicó en X:
- "EE.UU. solía ser un faro de derechos humanos. Ya no".
- También comparó a Washington con Corea del Norte, Rusia y otros países autoritarios.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, respondió acusando a Francia de apoyar a un funcionario que "adoctrina a democracias libres mientras se acobarda ante los peores opresores del mundo".
Por qué importa
El incidente no es aislado. Desde 2025, el gobierno de Trump ha recortado fondos a agencias de la ONU y se ha retirado de decenas de entidades del organismo. Tras la reelección de Türk, el embajador Jeff Bartos advirtió que habrá "consecuencias" y que EE.UU. reevaluará su participación y financiamiento.
Además, Washington y París chocan en temas clave:
- OTAN: Estados Unidos cuestiona su compromiso con la alianza.
- Groenlandia: Trump amenaza con tomar el territorio danés.
- Guerra de Irán: Trump afirma que Europa no ayudó a EE.UU. durante el conflicto.
Macron, mientras tanto, impulsa una mayor autonomía militar europea y un paraguas nuclear alternativo.
Entre líneas
El representante alternativo de EE.UU., Dan Negrea, dijo que su delegación seguirá abandonando la sala hasta que Francia "renuncie a su retórica condescendiente y falta de respeto". Negrea también señaló que Washington toleró el "grandilocuente discurso" francés por "camaradería y respeto mutuo", pero que eso se acabó.
Francia, por su parte, no respondió directamente a la protesta. Su embajador, Jérôme Bonnafont, afirmó que París busca preservar la independencia de la ONU y su capacidad de acción. Calificó a Türk de "voz de la conciencia" con "rigor e imparcialidad".
Qué sigue
La tensión entre EE.UU. y Francia podría escalar en futuras reuniones del Consejo de Seguridad. La amenaza de más salidas y la revisión del financiamiento estadounidense a la ONU añaden presión al organismo, que depende del apoyo de Washington. Mientras, la brecha transatlántica sigue ampliándose.