El trasfondo
- En marzo, Hezbolá lanzó cohetes contra Israel en apoyo a Irán, su aliado, lo que desencadenó una guerra abierta.
- Israel respondió con bombardeos aéreos y una invasión terrestre que aún mantiene ocupadas 68 localidades libanesas.
- En junio, ambas naciones acordaron en Washington un marco trilateral que incluye:
- Desarme verificado de Hezbolá.
- Retirada gradual de fuerzas israelíes del sur del Líbano.
- Despliegue del ejército libanés en "zonas piloto" que reemplacen el control de la milicia.
Entre líneas
Hezbolá quedó fuera de la mesa de diálogo. Su líder, Naim Qassem, afirmó el martes que las conversaciones solo traerán "vergüenza, humillación y compromisos sucesivos" para el Líbano. También criticó al presidente libanés, Joseph Aoun, por considerarlo parcial y divisivo en lugar de unificador.
En un giro inédito, Qassem se mostró abierto a reunirse con el nuevo gobierno sirio, pese a que Hezbolá siempre respaldó al derrocado Bashar al Asad. Esto sugiere un reacomodo regional mientras la milicia pierde influencia.
Lo que está en juego
El principal punto muerto es el orden del desarme: Israel exige que Hezbolá entregue las armas antes de retirarse; Hezbolá insiste en que no lo hará mientras haya ocupación. El acuerdo de junio propone una retirada gradual en fases, pero ninguna de las partes confía en ella.
Hasta ahora solo se ha implementado una zona piloto: Israel se retiró del municipio de Zawtar al-Gharbiya a finales de julio, y el ejército libanés desplegó tropas en la zona. Sin embargo, el ministro de Defensa israelí confirmó el lunes haber destruido 24 aldeas libanesas durante la ocupación, lo que alimenta el pesimismo.
Qué sigue
Las conversaciones en Roma se centran en aspectos técnicos, pero no se espera que se definan nuevas zonas piloto esta semana. El escepticismo es la tónica: los delegados deben resolver la secuencia del desarme y la retirada, dos condiciones que se excluyen mutuamente. La comunidad internacional, con Italia instando a "continuar con espíritu constructivo", observa sin que se vislumbre un avance sustancial.