El estado de las cosas
Kast propuso formalmente construir una “arquitectura de seguridad común” con metas y plazos claros. Los pilares de su plan incluyen:
- Gestión integrada de fronteras.
- Control del tráfico de armas.
- Persecución de flujos financieros ilícitos.
- Intercambio de inteligencia entre fiscalías y policías, sin renunciar a la soberanía de cada país.
No detalló una fecha concreta para la cumbre regional, pero llamó a los mandatarios a avanzar en la coordinación.
Lo que está en juego
El presidente advirtió que el desarrollo económico y la conectividad continental no serán viables si el crimen organizado controla las rutas. Señaló directamente al futuro Corredor Bioceánico, que busca conectar el Atlántico y el Pacífico, como un proyecto que debe ser protegido.
“No hay integración posible cuando las rutas que queremos abrir al comercio ya están abiertas por el crimen organizado”, afirmó.
También propuso una agenda migratoria regional para ordenar los flujos fronterizos, vinculándola a la seguridad.
Entre líneas
Kast inició su discurso con un gesto hacia Venezuela, tras los terremotos de la semana pasada, y destacó la respuesta humanitaria sin distinción ideológica. Luego enlazó esa cooperación con la necesidad de un frente común contra el crimen organizado.
La metáfora del “segundo terremoto” le permitió contrastar la solidaridad inmediata ante un desastre natural con la acción lenta frente a una amenaza que —según él— ya mata más personas cada año.
Qué sigue
La propuesta queda ahora en manos de los países del Mercosur y los estados asociados. Kast no anunció pasos concretos tras la cumbre, pero su intervención busca poner el tema en la agenda del bloque, que aún debate la implementación del acuerdo comercial con la Unión Europea.