Por qué importa

La mora es un indicador clave de la salud financiera de los hogares y del sistema crediticio. Su descenso alivia la presión sobre bancos y deudores, pero el nivel sigue siendo elevado. El crédito al consumo aún no se recupera con fuerza, y los bancos mantienen la cautela.

El dato clave

  • Morosidad total del sector privado no financiero: bajó de 7,7% en mayo a 7,6% en junio.
  • Familias: pasó de 12,8% a 12,7%.
  • Empresas: se mantuvo sin cambios en 3,5%.
  • Refinanciaciones récord: el saldo refinanciado representó el 3,4% del crédito total a familias y el 0,7% a empresas.

La consultora 1816 atribuye la caída a una desaceleración en el ritmo de crecimiento del saldo moroso y a un aumento real del saldo total de financiaciones, lo que mejoró el ratio.

Lo que no se dice

La leve mejora no refleja necesariamente una mayor capacidad de pago de los hogares. El aumento de las refinanciaciones —en niveles récord de las últimas décadas— ayuda a postergar los incumplimientos, pero no los resuelve. Si las condiciones económicas no mejoran, la mora podría volver a subir.

Las voces discordantes

El presidente Javier Milei descartó cualquier intervención estatal para asistir a los deudores. En una entrevista, afirmó que quienes toman créditos son responsables de su decisión y que la refinanciación “es un problema entre privados”. Críticos señalan que millones de personas enfrentan dificultades reales y que dejar el problema solo en manos de los bancos puede agravar la situación social.

Qué sigue

Los especialistas advierten que es prematuro descartar un nuevo aumento de la morosidad. La evolución dependerá de la inflación, las tasas de interés y el ritmo de la actividad económica. Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la mejora macroeconómica —sin medidas directas— terminará resolviendo el problema.