Por qué importa
Hasta ahora se pensaba que la peste solo se volvió letal y contagiosa en sociedades con alta densidad de población, como las ciudades medievales. Este estudio demuestra que la bacteria ya causaba brotes mortales entre grupos pequeños de cazadores-recolectores, mucho antes de la agricultura y el sedentarismo.
La infección no necesitaba las pulgas ni los roedores urbanos para propagarse. Los autores encontraron que se transmitía de dos formas:
- Directamente entre personas, mediante tos y estornudos.
- A través del contacto con marmotas, cuando se comían sus órganos crudos o se manipulaban pieles infectadas durante la caza.
Entre líneas
El perfil de mortalidad de estos cementerios siberianos llevaba más de 40 años desconcertando a los arqueólogos. Había un número inusual de niños y adolescentes muertos, pero sin señales de violencia ni traumatismos. El ADN antiguo permitió resolver el misterio: la peste mataba sobre todo a los más jóvenes.
Tres niñas de entre 8 y 11 años fueron enterradas juntas; dos de ellas eran primas. En otra tumba hallaron a una tía con su sobrino, mientras que la sobrina de ella estaba en una fosa distinta. "Había personas que enterraron a los muertos y que sabían quiénes eran cuando estaban vivas", dijo un coautor del estudio.
Lo que sabemos (y lo que no)
- Lo confirmado: Se identificaron dos brotes separados. El primero ocurrió entre 5.520 y 5.265 años atrás, y el segundo entre 5.315 y 4.425 años atrás.
- Las cepas: El ADN recuperado corresponde a las variantes más antiguas conocidas de Yersinia pestis. Carecían de algunos genes que luego hicieron más virulenta la peste bubónica medieval, pero igualmente eran letales.
- Lo que falta: No hay evidencia directa de cómo murieron exactamente las personas ni si los brotes se extendieron más allá de estas pequeñas comunidades. Tampoco se sabe si la bacteria ya podía transmitirse a través de pulgas, un rasgo que apareció después.
Qué sigue
El hallazgo abre la puerta a buscar rastros de peste en otros restos de cazadores-recolectores de Asia Central y Siberia. Los investigadores también quieren entender cómo evolucionó la bacteria desde estas cepas tempranas hasta las que diezmaron Europa en el siglo XIV. La peste sigue existiendo hoy, aunque es rara y tratable con antibióticos.