El panorama general
Solo se conocen otros tres cánceres contagiosos en animales: el tumor facial de los demonios de Tasmania, el sarcoma venéreo en perros y un tumor en almejas. Todos son extremadamente raros porque el sistema inmunitario suele rechazar células extrañas. En este caso, los bagres marrones (Ameiurus nebulosus) del lago —que cruza la frontera entre Vermont y Quebec— comenzaron a mostrar lesiones negras en 2012. Para 2014, casi un tercio de la población estaba afectada.
Entre líneas
Los investigadores compararon el ADN de los tumores con el de los tejidos sanos de los peces. Descubrieron que las células cancerosas de distintos individuos compartían cientos de miles de variantes genéticas, mientras que eran muy diferentes al genoma de su propio huésped. Esa similitud entre tumores es la prueba de que el cáncer se propaga como un agente infeccioso, no por mutaciones independientes.
El origen también sorprende porque los bagres viven en el fondo del lago, donde la radiación ultravioleta es mínima. En humanos, la luz solar causa la mayoría de los melanomas.
Los números que importan
- 2012: primeros avistamientos de peces con manchas negras reportados por pescadores.
- 2013: biólogos estatales detectan que el 26% de los bagres tenía lesiones.
- 2014: la proporción sube a cerca de un tercio de la población.
- 4: número total de cánceres transmisibles conocidos en animales, incluyendo este.
Qué sigue
Los científicos quieren entender cómo las células tumorales logran sobrevivir fuera del huésped, probablemente en el agua, y luego infectar a otro pez. También investigan si estos mecanismos se parecen a los que usan las células cancerosas para hacer metástasis dentro del cuerpo humano. La coautora Julie Dragon señaló que el proceso de invasión, evasión inmune y establecimiento en un nuevo huésped podría ser análogo a lo que ocurre cuando un tumor se disemina a otros órganos.
La imagen completa
El descubrimiento desafía la idea de que el cáncer es siempre una enfermedad interna. En este lago, los tumores se comportan como un parásito transmisible, lo que podría tener implicaciones ecológicas si la infección se extiende a otras especies. Por ahora, los investigadores monitorean la población de bagres para evaluar el impacto a largo plazo.