El panorama general
El proyecto de 1.600 millones de dólares consta de dos partes:
- Un complejo turístico (hoteles, apartamentos, villas y marina) en la laguna de Narta, un humedal protegido y punto clave para aves migratorias.
- Un resort más pequeño en la isla de Sazán, antigua base militar de la era comunista, hoy deshabitada.
Una firma de inversión vinculada a Kushner obtuvo un estatus especial del gobierno albanés para desarrollar el terreno.
Lo que está en juego
Ambientalistas advierten que la construcción amenaza una zona de alta biodiversidad. La Narta Lagoon es hábitat de flamencos y otras especies protegidas. Los manifestantes han llevado siluetas de flamencos rosados a las marchas como símbolo de la protesta.
Albania tiene 450 kilómetros de costa que quedaron prácticamente vírgenes durante el régimen comunista. Grupos opositores temen que ese litoral sea acaparado por inversionistas poderosos sin control público.
Entre líneas
Ivanka Trump declaró esta semana en un podcast que descubrieron el sitio por accidente mientras nadaban desde un bote de un amigo. La falta de transparencia en las autorizaciones ha sido el principal reclamo de los críticos.
Aleksander Trajce, director de la principal organización conservacionista del país (PPNEA), dijo que no hubo consulta pública ni documentación sobre los permisos. Exige que se retiren las máquinas y se restauren los hábitats para iniciar un diálogo.
Lo que dicen
El primer ministro Edi Rama defendió el proyecto como un hito para que Albania pase de ser un Estado estalinista a un destino turístico de lujo. Propuso reunirse con los manifestantes, pero aclaró: "No hay ninguna posibilidad de que la inversión se detenga mientras yo esté aquí".
La indignación creció tras la difusión de un video donde un guardia de seguridad privada arrastra a un activista durante una protesta en el sitio.
Qué sigue
Las protestas se extienden al sur del país, donde ya comenzaron los trabajos preliminares. Los opositores planean nuevas movilizaciones mientras el gobierno mantiene su postura firme. El caso pone a prueba los estándares ambientales y de transparencia de Albania en su camino hacia la adhesión a la UE.