El estado de las cosas
- Trump publicó en Truth Social: “Irán ha solicitado una reunión. Tendrá lugar mañana en Doha”. Dijo que el equipo negociador estadounidense incluirá al enviado especial Steve Witkoff y a su yerno Jared Kushner.
- Gharibabadi declaró a medios en Omán que la próxima ronda técnica solo ocurrirá “cuando se den las condiciones necesarias” y se acuerden fecha y lugar. Negó que haya encuentros agendados para esta semana.
- La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que Witkoff y Kushner viajarán a Doha esta semana para “reuniones de alto nivel”.
Entre líneas
Las declaraciones de Trump y Teherán no necesariamente se contradicen del todo. Es posible que exista un acuerdo de último minuto alcanzado después de las declaraciones de Gharibabadi. Sin embargo, Irán no ha confirmado oficialmente la cita, lo que mantiene la incertidumbre sobre si realmente habrá una reunión este martes.
El contexto inmediato incluye ataques iraníes con drones y misiles contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin durante el fin de semana, seguidos de bombardeos de EE.UU. contra objetivos militares en la costa sur de Irán. Ambos países acordaron el domingo pausar las hostilidades, según funcionarios estadounidenses.
Lo que está en juego
El memorando del 17 de junio estableció un cese al fuego de 60 días, la reapertura del estrecho de Ormuz y la suspensión temporal de sanciones al petróleo iraní. A cambio, Irán aceptó diluir su uranio enriquecido y permitir inspecciones nucleares. La escalada reciente amenaza con descarrilar por completo ese acuerdo.
- El petróleo Brent cayó a niveles previos a la guerra (menos de US$70 por barril), lo que alivia la inflación global.
- Si el acuerdo colapsa, los precios del crudo podrían dispararse nuevamente.
- Trump enfrenta elecciones en noviembre y ha utilizado la baja del petróleo como argumento de gestión económica.
La otra cara
Irán también busca mostrar resultados internos. El presidente Pezeshkian anunció este lunes que Catar liberará US$6.000 millones en activos iraníes congelados, un gesto para vender el acuerdo a la población iraní, especialmente ante la pérdida de control sobre el estrecho.
El principal punto de fricción sigue siendo el control del estrecho de Ormuz: Irán insiste en gestionar el tránsito marítimo y eventualmente cobrar peajes, mientras Washington exige mantener el libre paso sin condiciones.