Por qué importa
Rusia no había sufrido un ataque directo contra su segunda ciudad, cuna del presidente Vladímir Putin, desde el inicio de la guerra. Alcanzar San Petersburgo y la base de Kronstadt —sede de la Flota del Báltico— demuestra el alcance creciente de los drones ucranianos y presiona al Kremlin en un punto simbólico y estratégico.
El estado de las cosas
- La terminal petrolera del distrito Kirovski en San Petersburgo recibió al menos un impacto. Videos verificados muestran columnas de humo negro.
- Un dron cayó en los jardines del palacio Peterhof, un complejo histórico del siglo XVIII, sin causar daños ni víctimas.
- El puerto de Vysotsk, a 170 kilómetros al noroeste de San Petersburgo, también fue alcanzado. La instalación maneja petróleo, granos, carbón y gas natural licuado.
- No hay confirmación rusa sobre el ataque a Kronstadt. Ucrania ya había atacado esa base naval el mes pasado.
Los números que importan
- 72 drones derribados sobre San Petersburgo y la región de Leningrado, según el gobernador local.
- 389 drones interceptados en toda Rusia durante la noche, según el Ministerio de Defensa ruso.
- 850 kilómetros de distancia desde la frontera ucraniana hasta los blancos, uno de los alcances más largos registrados.
Efectos inmediatos
Las autoridades rusas suspendieron temporalmente los vuelos en el aeropuerto de Púlkovo y restringieron las redes móviles para interferir la navegación de los drones. Finlandia impuso restricciones temporales a la aviación y navegación en el este del golfo de Finlandia por precaución.
Lo que no se dice
Putin calificó los ataques contra instalaciones energéticas como "no críticos", pero la campaña ucraniana ya ha desactivado cerca del 43% de la capacidad de refinación de petróleo rusa, según el Estado Mayor ucraniano. La escasez de combustible ha generado colas en gasolineras y racionamiento en Crimea y otras regiones.
Lo que viene después
Rusia prometió represalias tras el ataque. Horas después, lanzó un bombardeo contra instalaciones de gas de Naftogaz en la región ucraniana de Poltava, que dejó un incendio y suspendió operaciones. La escalada de ataques de largo alcance de ambos bandos marca una nueva fase de la guerra, donde la infraestructura energética es el blanco central.