El estado de las cosas
Las nuevas obligaciones se aplican de inmediato a cualquier sistema de IA que interactúe con usuarios en la UE. Incluyen:
- Chatbots y asistentes virtuales: deben anunciar que son una máquina, no una persona.
- Reconocimiento de emociones y categorización biométrica: hay que avisar a las personas cuando están siendo analizadas, salvo en casos de persecución de delitos.
- Deepfakes y contenidos sintéticos: deben etiquetarse como generados o alterados por IA.
La norma alcanza tanto a desarrolladores (OpenAI, Google, Anthropic) como a empresas que usan IA en atención al cliente, publicidad, gestión de citas o monitorización de emociones en centros de llamadas. Las multas pueden llegar a 15 millones de euros o el 3% de la facturación anual global.
Lo que cambia
Hasta ahora, muchas empresas no informaban del uso de IA. Desde hoy, cualquier interacción comercial o profesional con un sistema de IA debe ser declarada. Esto incluye recomendaciones musicales (Spotify), edición de imágenes (Adobe) o publicidad con imágenes sintéticas.
Los contenidos generados por IA sin supervisión humana que informen sobre asuntos de interés público también deberán etiquetarse. Quedan exentos los usos puramente personales y no profesionales.
Qué sigue
- 2 de diciembre de 2026: los sistemas de IA deberán incorporar marcas de agua legibles por máquina en textos, fotos, vídeos y audios manipulados. Los modelos existentes tienen hasta esa fecha para adaptarse.
- Supervisión continua: la Oficina de IA de Bruselas auditará los modelos generativos y podrá imponer sanciones adicionales.
Entre líneas
La norma no responsabiliza a las plataformas (como ChatGPT o redes sociales) del contenido que creen los usuarios, sino que exige que sean estos quienes etiqueten sus publicaciones. Esto deja un vacío de control en la práctica. Además, las excepciones para uso personal y ciertos fines legales abren espacio para debates sobre qué constituye un uso "profesional".