La mujer ocupaba un puesto administrativo y habría sido ascendida a un cargo directivo con un aumento salarial del 30%, hasta alcanzar unos 160.000 francos suizos anuales. El entonces presidente de la UEFA, Michel Platini, supuestamente confrontó a Infantino por la relación, lo que llevó a la renuncia de la empleada.
La FIFA niega rotundamente las acusaciones y las considera difamatorias, mientras que la UEFA asegura que el pago cumplió las normas vigentes en ese momento. El caso se suma a la presión que enfrenta Infantino por sus planes de vender participaciones de los mundiales a inversores privados.