El conflicto se originó por el plan FIFA Forward Enterprise, que buscaba vender participaciones del Mundial a inversores privados y fue retirado el sábado tras el rechazo de UEFA y Concacaf. El miércoles, la FIFA reconoció errores, pidió disculpas y respaldó a Infantino, algo que la UEFA considera insuficiente.
De materializarse el boicot, los Mundiales quedarían sin las principales selecciones del mundo, lo que afectaría su prestigio y valor comercial. La UEFA exige garantías irrevocables y la salida de Infantino, pero la FIFA mantiene su respaldo al presidente.