La decisión responde a la negativa de Italia a levantar los controles que impuso el 1 de agosto a viajeros de España tras la entrada masiva de migrantes a Ceuta a finales de julio, después de que Roma rechazara el ultimátum de 48 horas.
La medida supone la suspensión temporal de la libre circulación Schengen entre ambos países, en una escalada diplomática inédita entre dos socios de la UE. Los controles, que se extienden ya a siete aeropuertos y a un puerto, podrían ampliarse a Baleares y Canarias en las próximas horas.