Cómo llegamos aquí
Trump asumió el control del Kennedy Center en febrero de 2025, tras regresar a la Casa Blanca. En cuestión de semanas:
- Destituyó a los 18 miembros de la junta directiva designados por Joe Biden.
- Nombró nuevos fideicomisarios que lo eligieron como presidente del centro.
- En diciembre de 2025, la junta votó para añadir “The Donald J. Trump and” al nombre oficial del edificio.
La congresista demócrata Joyce Beatty demandó, argumentando que el cambio violaba la ley que creó el centro. El juez Christopher Cooper falló a su favor el 29 de mayo y dio 14 días para retirar el nombre.
Entre líneas
La decisión judicial subraya que ni el presidente ni su junta pueden modificar leyes del Congreso por cuenta propia. Trump construyó su carrera en torno a la marca personal —su nombre aparece en edificios, casinos y campos de golf— y ha intentado aplicar esa misma lógica a instituciones federales. El caso del Kennedy Center es el primer revés judicial directo a esa estrategia.
Paralelamente, la Casa Blanca impulsa colocar la imagen de Trump en un billete de 250 dólares para el aniversario de la Declaración de Independencia, y ya renombró el Instituto de la Paz como “Donald J. Trump US Institute of Peace”.
Lo que sabemos (y lo que no)
- El viernes por la noche, el centro pidió una extensión del plazo debido a tormentas eléctricas. El juez la concedió hasta el mediodía del sábado.
- Los trabajadores colocaron andamios y lonas alrededor del nombre. A las 3:00 a.m. ya se habían ido, pero las lonas impedían ver si todas las letras fueron retiradas.
- La junta apeló la orden, pero los tribunales de apelación rechazaron intervenir para detener la remoción.
No está claro si Trump impulsará nuevas apelaciones o si el nombre volverá a aparecer si la corte superior revierte el fallo.
Qué sigue
Trump ya anunció planes para cerrar el Kennedy Center durante dos años para renovaciones a partir de julio, pero el juez también bloqueó ese cierre. Además, el presidente avanza con otros proyectos de construcción en Washington, incluida la demolición del ala este de la Casa Blanca para construir un salón de baile. La batalla legal probablemente continuará, pero por ahora el nombre de Trump ya no está en la fachada del centro cultural más emblemático de la capital.