Cómo llegamos aquí
La interferencia entre turbinas y radares no es nueva. Durante más de una década, el Pentágono revisaba cada proyecto y exigía mejoras técnicas para mitigar el impacto.
El cambio llegó cuando el Departamento de Defensa advirtió que los drones pequeños podrían volar sin ser detectados entre las turbinas. La administración sostiene que las soluciones actuales ya no son suficientes frente a esa amenaza.
El efecto dominó
La aprobación militar es un requisito obligatorio antes de construir. Sin ella, no hay financiamiento bancario ni seguros.
- 155 proyectos quedaron paralizados en 24 estados.
- 44 gigavatios de capacidad potencial están bloqueados.
- 2.000 millones de dólares en costos adicionales reportados por las empresas.
- Créditos fiscales perdidos: varios proyectos no cumplieron con el plazo de construcción que vencía a principios de mes.
Dave Belote, exdirector del organismo del Pentágono que otorgaba estos permisos, resumió la situación: "Ha congelado todo el proceso".
Entre líneas
El Pentágono asegura que se trata de una demora administrativa y no de un cambio de política. Para las empresas del sector, una paralización indefinida de casi un año equivale a una prohibición encubierta.
Expertos en seguridad cuestionan el argumento oficial. Kirk Lippold, excomandante del USS Cole, señaló que los operadores de radar están entrenados para distinguir turbinas de amenazas reales. "Si un drone no se detecta antes de llegar a un parque eólico, el problema no son las turbinas", afirmó.
La imagen completa
El freno a la eólica terrestre se suma a la ofensiva contra la energía eólica marina, donde el gobierno de Trump ha detenido proyectos y comprado concesiones. Ambas decisiones se basan en informes de seguridad clasificados del Pentágono.
En los hechos, la administración utiliza la defensa nacional como argumento para limitar el crecimiento de una industria que compite directamente con el gas y el petróleo que la Casa Blanca busca expandir.