El estado de las cosas
- Más de 50.000 personas entraron en menos de 24 horas solo en Ceuta, según fuentes oficiales.
- La mayoría llegó a nado desde Castillejos (Marruecos) bordeando espigones, una ruta que el Supremo excluyó de las expulsiones automáticas.
- El gobierno español atribuye el aumento a una interpretación interesada de la sentencia por parte de las mafias, que promocionan la travesía como un pasaporte seguro a suelo español.
Cómo llegamos aquí
El Tribunal Supremo sentenció que la disposición que permite el rechazo en frontera se aplica solo a quienes “superan elementos de contención fronterizos como las vallas”. Al nadar, los migrantes no rebasan ese tipo de barrera, por lo que el mecanismo de devolución exprés no es válido en el mar.
La sentencia fijó doctrina y ratificó un fallo previo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. El gobierno estudia ahora reformar la Ley de Extranjería para cerrar ese vacío legal, pero juristas dudan que una reforma pueda recuperar las devoluciones en el mar sin chocar con la jurisprudencia actual.
Entre líneas
El fallo judicial no explica por sí solo la magnitud de la entrada. La permisividad de las fuerzas de seguridad marroquíes fue clave. Marruecos usa históricamente el flujo migratorio como herramienta de presión diplomática, especialmente cuando reclama la soberanía sobre Ceuta y Melilla. La crisis ocurre en un momento de negociaciones bilaterales tensas, lo que sugiere que Rabat relajó deliberadamente el control fronterizo.
Las mafias se aprovecharon de la sentencia para difundir la falsa promesa de que llegar por mar garantiza la permanencia en España. El gobierno insiste en que se trata de una lectura errónea, pero el efecto llamada ya se concretó.
Qué sigue
- El gobierno evalúa reformar la Ley de Extranjería para hacer más eficientes las repatriaciones, aunque los expertos ven difícil extender las devoluciones en caliente al ámbito marítimo sin contradecir al Supremo.
- La Unión Europea ha criticado la gestión española y el presidente Pedro Sánchez enfrenta presión política interna.
- La frontera sigue en alerta máxima, mientras los migrantes ya ingresados esperan procesos de identificación y posible expulsión.