Por qué importa
Durante años, China y Rusia apoyaron oficialmente una península coreana libre de armas nucleares, aunque con compromiso variable. Ahora ambos países aceptan de facto el estatus nuclear de Pyongyang. Washington insiste en revertirlo, pero sin aliados clave ni presión real sobre Kim Jong-un.
El panorama general
La relación entre China y Corea del Norte tiene raíces históricas profundas. En 1950, Mao Zedong envió cientos de miles de soldados para evitar el colapso del régimen de Kim Il-sung. Para Beijing, la supervivencia de Pyongyang sigue siendo un asunto de seguridad nacional. Xi reafirmó ese vínculo en un momento en que Corea del Norte se ha acercado militarmente a Rusia, incluso enviando tropas a Ucrania.
Entre líneas
La visita de Xi no solo refuerza la alianza. También expone una competencia implícita entre Pekín y Moscú por influir en Pyongyang. Kim Jong-un saca provecho de esa rivalidad:
- Obtiene respaldo de ambas potencias sin tener que ceder en su programa nuclear.
- No enfrenta presión para volver a la mesa de negociaciones.
- Mejora su estatus internacional al recibir al líder chino en su primer viaje del año.
Lo que dicen
Analistas señalan que Kim Jong-un es el “ganador estratégico” de esta visita. Patricia Kim, del Brookings Institution, afirma: “El hecho de que ni Beijing ni Moscú presionen a Pyongyang para que se comprometa con la desnuclearización es una gran victoria para Kim”.
Lo que viene después
Donald Trump debería reconocer que la desnuclearización no es realista a corto ni mediano plazo. Continuar exigiéndola como centro de su política hacia Corea del Norte puede generar un estancamiento diplomático, aumentar las tensiones militares en la península y reducir la influencia estadounidense sobre Pyongyang.