Lo que se dijo
En un comunicado, la FIFA admitió que el proceso “debería haberse gestionado de otra manera” y que hubo errores “tras la filtración de la propuesta a los medios”. En una carta separada, ofreció disculpas formales a las federaciones y al Consejo de la FIFA, y se comprometió a realizar una revisión interna cuyo informe se presentará en la próxima reunión del Consejo.
- La gestión de la FIFA confía en que las decisiones tomadas “fortalecerán la gobernanza” y ayudarán a “restablecer la confianza”.
- Infantino, por su parte, reiteró su apoyo al secretario general Mattias Grafström y a la administración de la FIFA.
Entre líneas
El respaldo de Grafström es notable, ya que un día antes había calificado el proyecto FFE como “una serie de eventos tristes y reprochables” en un correo interno a los empleados. La declaración conjunta buscó mostrar una fachada unificada, pero la fractura interna quedó expuesta.
Además, la FIFA advirtió que “no tolerará más ataques a su integridad, buen gobierno y debido proceso” y que tomará “todas las medidas necesarias” para proteger su reputación. Este endurecimiento del tono sugiere que el organismo intenta cerrar filas frente a las críticas externas, en lugar de abrir una rendición de cuentas más profunda.
Lo que cambia
A pesar de la disculpa y la promesa de revisión, la reunión no modificó el fondo del problema: Infantino sigue al frente, pero con una base de apoyo erosionada. La UEFA ya declaró que perdió la confianza en su liderazgo, y varias federaciones clave han roto públicamente con él a menos de ocho meses de las elecciones presidenciales de marzo de 2027.
- La crisis institucional persiste: confederaciones que suman más de 143 votos (UEFA, Concacaf, AFC) han cuestionado la gobernanza actual.
- La FIFA no ofreció plazos concretos para la rendición de cuentas ni identificó responsables del proyecto secreto.
La imagen completa
El mea culpa de la FIFA representa un intento de contener el daño, pero no resuelve las causas profundas: la falta de transparencia, la concentración de poder en la figura de Infantino y el modelo de gobierno que permitió que un plan tan sensible se gestara sin consulta. La crisis, lejos de cerrarse, entra en una nueva fase donde las confederaciones que perdieron la confianza ahora evalúan cómo actuar políticamente de cara a 2027.