El estado de las cosas
Hoy, 10 de junio, un gran despliegue de fuerzas talibanes impide nuevas concentraciones en Herat. Residentes reportan presencia armada en toda la zona de Anjeel, donde ocurrió la movilización del martes.
- No se han registrado protestas nuevas este miércoles.
- Los manifestantes heridos buscan atención médica de forma clandestina: hospitales privados los rechazan por orden talibana y los remiten a centros gubernamentales, donde temen ser arrestados.
- Un herido de bala en el pie relató que en clínicas privadas le negaron tratamiento y lo redirigieron a hospitales del gobierno.
Lo que se sabe (y lo que no)
Las versiones sobre los hechos del 9 de junio son contradictorias. Testigos y medios como la BBC y AFP indican que los talibanes usaron palos, látigos y armas de fuego contra la multitud. Videos en redes sociales muestran disparos y gritos de mujeres.
Lo confirmado por múltiples fuentes:
- Entre 100 y 150 personas participaron en la protesta.
- Las detenciones previas de mujeres por “uso inadecuado del hiyab” motivaron la movilización.
- La policía de Herat admitió haber “tomado medidas para garantizar la seguridad”, pero no confirmó uso de armas de fuego.
Puntos sin esclarecer:
- Número exacto de heridos y muertos. Medios reportan dos fallecidos; la policía lo niega.
- Si las heridas fueron por disparos directos o por golpes. Testigos afirman que sí hubo fuego contra la multitud.
La reacción inmediata
Un portavoz de la policía de Herat calificó la protesta como un intento de “crear tensión bajo el pretexto del hiyab”. Aseguró que la situación está “bajo control” y que se evitó una escalada.
Los manifestantes, en cambio, denuncian represión desmedida. “Me hirieron durante la protesta y fui a hospitales privados, pero no me admitieron. Los talibanes les advirtieron que no trataran a heridos”, declaró un afectado bajo anonimato.
Entre líneas
La represión busca enviar una señal clara: cualquier movilización civil será castigada con dureza. El hecho de que hombres y mujeres marcharan juntos desafía la narrativa talibán de que la sociedad apoya sus restricciones. La negativa a atender heridos en clínicas privadas revela un control que va más allá de las calles, alcanzando el sistema sanitario.
Lo que viene después
No hay señales de que los arrestos de mujeres cesen ni de que el régimen flexibilice el código de vestimenta. La protesta de Herat, aunque sofocada, podría incentivar nuevas acciones en otras ciudades si las condiciones de vida y la represión continúan deteriorándose. La comunidad internacional, por ahora, observa sin intervenir.