El trasfondo
El caso comenzó con un amparo de una afiliada de OSDE que exigía la cobertura total de Trikafta, un medicamento importado de Estados Unidos para tratar la fibrosis quística. La prepaga ofreció cubrir Trixacar, un fármaco nacional autorizado por la ANMAT con los mismos componentes.
Dos instancias judiciales anteriores rechazaron la alternativa local, argumentando que la paciente mostraba mejoría con el medicamento original y que el médico sugería no cambiarlo. La Corte Suprema revirtió ese criterio con las firmas de los jueces Rosatti, Lorenzetti y Rosenkrantz.
Entre líneas
- La controversia central giró en torno a la bioequivalencia: la Cámara exigía estudios que garantizaran que el fármaco nacional funcionara igual que el importado. La Corte consideró que no existía una razón legal para esa exigencia si la ANMAT ya autorizó el producto.
- El fallo no cuestiona la decisión médica, sino que establece que la obligación de cobertura se satisface con una opción terapéutica equivalente, no necesariamente con la marca más cara.
- La decisión se da en un contexto donde el acceso a medicamentos de alto precio presiona a prepagas y obras sociales, y donde suelen multiplicarse los amparos individuales.
Qué sigue
La resolución sienta un antecedente para futuros litigios similares. Esto es lo que puede cambiar:
- Las prepagas podrán argumentar que basta con cubrir una alternativa nacional autorizada, incluso ante reclamos judiciales.
- Los pacientes que requieran un fármaco importado específico deberán demostrar que no existe un sustituto con el mismo efecto terapéutico disponible en el país.
- Es probable que aumenten los pedidos de estudios de bioequivalencia por parte de las autoridades regulatorias para fortalecer la confianza en las alternativas locales.
- El fallo también podría incentivar la producción nacional de medicamentos de alto costo.