El panorama general
La vulnerabilidad juvenil ya no es un problema marginal, sino una realidad que alcanza a más de 4,1 millones de personas. El estudio clasifica tres niveles entre los afectados:
- Alta vulnerabilidad: 33,5%
- Vulnerabilidad media: 55,3%
- Vulnerabilidad baja: 11,2%
Dos de cada tres jóvenes vulnerables tienen entre 18 y 24 años. El 58% son varones y casi la mitad vive en hogares de cinco o más integrantes.
El dato clave: el fenómeno “Triple Ni”
Dos de cada diez jóvenes vulnerables no trabajan ni estudian (el clásico “Ni-Ni”). Pero el informe revela una situación más grave: el 33% de ese grupo tampoco busca empleo. Es decir, no están desempleados en sentido estricto, porque dejaron de intentarlo.
Entre los jóvenes que no trabajan en general, solo 4 de cada 10 buscaron empleo en el último período. La inactividad absoluta refleja, según los investigadores, una ruptura de las expectativas de progreso.
Entre líneas: tres grietas que se refuerzan
El estudio identifica tres factores que explican la vulnerabilidad juvenil:
- Abandono escolar temprano: el 60,5% no terminó el secundario. Solo el 24,8% sigue estudiando.
- Informalidad laboral: la mayoría de los que trabajan lo hacen sin registro ni protección.
- Malestar psicológico: la ansiedad y la depresión son recurrentes, aunque el informe no precisa cifras.
Apenas el 15% de los jóvenes vulnerables realiza cursos de oficio. La brecha de capacitación queda casi sin cubrir.
Lo que dicen
Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, señala que el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible. A pesar del entorno adverso, la mayoría de los jóvenes encuestados aún considera la educación como la vía principal para mejorar su futuro.
Qué sigue
El informe advierte que si no se revierten estas condiciones, la desconexión juvenil puede profundizarse. La falta de expectativas limita proyectos como formar una familia o salir del entorno actual. Los datos buscan alertar a las políticas públicas para abordar la exclusión estructural.