Por qué importa
El statu quo de Al-Aqsa, por el que solo musulmanes pueden rezar allí, ha sido un pilar de la estabilidad regional durante décadas. Romperlo no solo pondría en riesgo el tratado de paz de 1994 entre Israel y Jordania, sino que podría avivar tensiones en países con grandes poblaciones musulmanas como Turquía, Indonesia y Pakistán, que participarán en la reunión.
El estado de las cosas
La crisis se intensificó después del 23 de julio, cuando más de 2.000 israelíes de la derecha religiosa irrumpieron en el recinto. Entre los puntos clave del incidente:
- El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, lideró la incursión acompañado por la policía.
- Los manifestantes ondearon banderas, cantaron el himno nacional y realizaron rezos y rituales en el lugar.
- Funcionarios jordanos calificaron la acción como la peor violación del sitio en la historia moderna.
Además, Ammán alertó sobre el reclutamiento de judíos religiosos para una unidad policial especial en el Monte del Templo, y espera nuevos desafíos durante las festividades judías de septiembre.
Entre líneas
El llamado de Jordania busca presionar a la comunidad internacional antes de que la situación escale. El canciller jordano, Ayman Safadi, advirtió que alterar el statu quo "podría desencadenar un conflicto religioso que repercutirá en todo el mundo musulmán". La reunión de este miércoles, que incluye a la Liga Árabe y países no árabes, refleja la urgencia de aislar diplomáticamente las acciones del gobierno israelí, especialmente en medio de una campaña electoral donde la coalición de extrema derecha del primer ministro Netanyahu lucha por su supervivencia.
Qué sigue
La reunión de emergencia definirá los próximos pasos colectivos del mundo árabe e islámico. Queda por ver si logrará disuadir nuevas incursiones o si la comunidad internacional presionará a Israel para que respete el acuerdo vigente.