El estado de las cosas
La operación comenzó de madrugada sobre la ruta que une Santa Cruz con Beni, una vía clave para el oriente boliviano. Las fuerzas de seguridad usaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y lograron liberar la carretera por unos minutos, permitiendo el paso de cientos de vehículos.
Sin embargo, los manifestantes se reagruparon y reforzaron los puntos de bloqueo. Tras casi cuatro horas de enfrentamientos, la Policía se replegó por falta de condiciones de seguridad. La vía volvió a quedar cortada.
Entre los heridos más graves hay un policía con un disparo en la cabeza, que está bajo valoración para cuidados intensivos. Otros cuatro uniformados se encuentran hospitalizados. La Defensoría del Pueblo verificó la situación en hospitales de Santa Cruz.
Además, un grupo de pobladores ingresó a la comisaría de San Julián, sustrajo objetos y le prendió fuego, según denunció el comandante policial David Gómez.
Entre líneas
La operación conjunta no logró su objetivo principal: dejar la ruta despejada de forma permanente. El repliegue de las fuerzas de seguridad entrega una señal de que los manifestantes mantienen capacidad de resistencia en el territorio.
El Gobierno intenta mostrar control al desplegar a ministros y altos mandos en la zona, pero el hecho de que la carretera siga bloqueada después de 24 días evidencia la poca efectividad de la estrategia de desbloqueo forzado.
Qué sigue
La Defensoría del Pueblo pidió que cualquier acción de la fuerza pública respete los estándares internacionales de derechos humanos. Por ahora no se anuncian nuevos operativos.
El bloqueo continúa. Las organizaciones sindicales y civiles que exigen la renuncia de Paz mantienen su presión, mientras el suministro de productos básicos sigue afectado en la región. La crisis no muestra señales de desescalada.