Por qué importa
El oficialismo necesita mantener unidad para sacar adelante la megarreforma, considerada la bandera económica del Ejecutivo. Sin mayoría automática en el Congreso, el gobierno depende del respaldo de partidos como el PDG, que ha ganado influencia en las negociaciones. Esto genera inquietud en Chile Vamos y Republicanos, que ven al PDG como una fuerza poco confiable y temen su crecimiento electoral.
El trasfondo
La interna se tensó por varios factores:
- Rol del PDG: El partido se ha vuelto clave para los votos, pero sus dirigentes advierten que no darán su apoyo por sentado. La diputada Zandra Parisi dijo que “algunos partidos oficialistas están preocupados porque el escenario político cambió”.
- Revés legislativo: La megarreforma no logró completar su tramitación en el Senado. El gobierno atribuyó el fracaso a diferencias sobre compensaciones a municipios por la rebaja de contribuciones.
- Polémica de Mara Sedini: La exministra vocera criticó en una entrevista al círculo de poder en La Moneda, lo que generó malestar en sectores de la coalición.
A pesar de las tensiones, el jefe de bancada republicano, Benjamín Moreno, aseguró que “las urgencias del país” están por encima de los protagonismos personales.
Entre líneas
La reunión deja en evidencia la fragilidad de la coalición gobernante. El PDG no integra formalmente el oficialismo, pero su voto es indispensable. Al mismo tiempo, los partidos tradicionales de derecha recelan de un posible rival electoral. El gobierno intenta equilibrar estos intereses sin perder capacidad de gestión.
Qué sigue
El Ejecutivo retomará la discusión de la megarreforma después de la semana distrital. Para ello, deberá reconstruir los apoyos, lo que implica negociar directamente con el PDG y disipar las suspicacias internas. Mientras tanto, la emergencia climática exige una respuesta coordinada, lo que añade presión sobre la cohesión del oficialismo.