Lo que sabemos
La pelea comenzó cuando Lemoine publicó un hilo en X acusando a Villarruel y a la exdiputada oficialista Marcela Pagano de:
- Compartir asesores y tener publicaciones coordinadas desde 2024.
- Estar alineadas con el gobernador Axel Kicillof y el exsecretario Guillermo Moreno.
- Intentar promover un juicio político contra Milei.
Milei retuiteó el mensaje de Lemoine. Villarruel respondió primero calificándolo de “locura galopante” y luego sumó que el presidente “replica insensateces e inventos”. Agregó que su preocupación alcanza lo que el mandatario difunde “en Argentina y el exterior”.
El trasfondo
La disputa no es aislada. El miércoles 28 de julio Lemoine había acusado a Villarruel de aumentar los sueldos de senadores a $12 millones mientras los diputados cobran $6 millones. Villarruel respondió llamándola “cerebro de microbio”. Ese cruce ya había expuesto las tensiones entre el ala dura de La Libertad Avanza y la titular del Senado.
Ahora la vicepresidenta llevó el enfrentamiento directamente contra el presidente, usando un lenguaje que otros opositores también han empleado para alertar sobre su salud mental.
Entre líneas
Villarruel no solo critica la decisión de Milei de replicar el mensaje. Al hablar de “persecuciones imaginarias”, pone en duda su criterio y su estabilidad. Es la primera vez que lo hace de forma tan directa desde que asumieron, y marca una distancia pública que ya no se limita a diferencias políticas sino que roza lo personal.
Que Milei haya compartido la acusación de Lemoine sugiere que avala la versión de una conspiración interna. Esto refuerza la hipótesis de que el presidente y su vice ya no actúan como un equipo, sino como bandos enfrentados dentro del mismo Gobierno.
Lo que viene después
La interna oficialista no muestra señales de tregua. Con el Congreso en receso y el Gobierno buscando cohesión para futuras leyes, este tipo de cruces abiertos debilita la imagen de unidad que Milei necesita para avanzar su agenda legislativa. Es probable que sigan apareciendo nuevos episodios, mientras los espacios opositores observan y capitalizan la fractura.