Por qué importa
Codelco fue nacionalizada en 1971 y su propiedad estatal es un símbolo de soberanía económica para amplios sectores políticos. La propuesta de Squella de vender parte de la empresa para inyectar capital privado generó un rechazo unificado de la oposición y divisiones dentro del oficialismo. Fontaine, designado por Kast, cierra ahora la puerta a cualquier cambio en la propiedad, pero el gobierno sigue explorando fórmulas que algunos sectores califican como “privatización encubierta”.
El estado de las cosas
Fontaine detalló las prioridades de su gestión para recuperar el liderazgo de la cuprífera, que en 2025 fue superada en producción por Escondida. Sus ejes son:
- Ordenar la casa con más seguridad y transparencia.
- Mejorar flujos operacionales y reducir costos.
- Priorizar inversiones.
- Evaluar la venta de activos para obtener fondos.
- Ampliar las alianzas público-privadas.
“Muchas empresas estatales se han abierto a la bolsa para conseguir capital privado mientras el Estado continúa administrando, pero no estamos en esa idea”, subrayó.
Entre líneas
Aunque Fontaine descarta la privatización, su plan incluye vender activos y asociarse con privados, mecanismos que el gobierno ya validó a través del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Esto abre un flanco de tensión: mientras el oficialismo republicano impulsa la apertura, la oposición acusa una estrategia de desmantelamiento gradual. El Partido Nacional Libertario incluso propuso repartir dos millones de pesos por chileno a cambio de privatizar la empresa, escalando el debate.
Lo que sigue
La discusión sobre Codelco continuará en el Congreso y al interior del propio gobierno. El ministro de Economía, Daniel Mas, ya confirmó que se evalúa vender bienes “prescindibles” de sus filiales, sin cambiar la propiedad de la matriz. Fontaine, por su parte, deberá demostrar que su plan de ordenamiento interno logra revertir la caída productiva sin recurrir al capital privado.